Un desasosiego familiar nos recorre cuando observamos las fotografías de Puy Pinillos.
Sus imágenes nos transportan a los espacios de nuestra memoria habitados por seres y lugares fantásticos que nos acompañaron en nuestra infancia, y que de un modo u otro, han crecido con nosotros (nos pertenecen). En sus imágenes nos vemos irremediablemente arrastrados a ese territorio simbólico de los cuentos escritos, capaces de modificar nuestro destino ampliando los límites de nuestra percepción.
Este onírico universo que nos plantea no está limitado por un lugar o tiempo determinados. Circunscribirlo sobre esos factores sería complicado ya que plantean una lectura abierta, que necesariamente debe ser individual. Decía Fellini que “no se puede hacer una película sobre los sueños en abstracto, prescindiendo de la personalidad del soñador”. Las imágenes de Puy actúan como un espejo de los sueños del espectador y su figuración manifiesta que los sueños deben de adquirir formas reconocibles. A la vez, son espacios y tiempos que transitan nuestra imaginación. No obedecen a la lógica de los hechos, ya que se estructuran fuera del ámbito de nuestra racionalidad, para desvelar aspectos preconscientes que nos desplazan a rincones determinados de nuestra conciencia.
El ensimismamiento de la belleza de lo sobrenatural es constante en las imágenes de Puy, cuyas instantáneas, a veces felices y otras desasosegantes, están cargadas de magia. Su familiaridad nos remite a nuestra capacidad de fantasear en esa interzona que no ha sido aniquilada por el consciente. Producen una satisfacción inmensa y nos recuerdan, como escribía Chesterton, que “la vida no es sólo un placer sino también una especie de privilegio”.
Es un privilegio poder ver las imágenes de una creadora capaz de transubstanciar la frialdad del proceso fotográfico en algo extraordinariamente cálido, convirtiéndonos en protagonistas de un viaje al interior, a nuestros espacios más profundos. Transforma nuestra vida que, en ausencia de experiencias de este tipo, quedaría necesariamente, incompleta.
DIEHL starts its “Flaneur” selection with 42 works of the Soviet photo journalist Dmitry Baltermants. Best known for his pictures of the Soviet battlefield during World War II.
During World War II, Baltermants covered major battles for Izvestia and for the Red Army newspaper Na Razgrom Vraga. He fought and photographe...
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Blindspot Gallery is pleased to present Coastline featuring emerging Chinese photographer Zhang Xiao’s award-winning series Coastline that focuses on the continuous 18,000 kilometres of China’s coastline. The series does not merely capture the seaside landscape of these coastal areas, but also witnesses the changes o...
Du dépouillement des clichés de Catherine Lambermont se dégage une poésie narrative. Ses images composent une suite d’instants d’observation libre. Son travail réhabilite le continuum qui caractérise chaque frontière. La frontière est le lieu du lien. Entre le corps et l’es...
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« Je ne peux m’empêcher, atteste Gérard Uféras, d’associer la pratique de l’Art à la notion d’amour et de partage ». (extrait de son livre Etats de grâce, éditions du Fantom)
«Egyptian pack» evokes many associations - here are both Petersburgers favorite topic of werewolves (see the movie of E. Yufit «Corpsmen werewolves») and references to the Perm animal style.
Also we can recall British film «The Wicker Man» (1973) with its ritual procession of the man-beasts, ho...